
El Súper secreto para obtener claridad
Por MARK J. RYAN
Secreto: empieza desde el nivel actual de tu creencia.
He tenido muchos autos en mi vida, la mayoría usados. Luego de comprar autos durante tantos años descubrí que inevitablemente tenía problemas con ellos. Los reparaba, los aprovechaba al máximo, los vendía por lo que pudiera conseguir y después compraba otro.
Voy a contarles lo que hacía con mis autos, cuando sentía que se avecinaba una reparación mayor y que, por o tanto, ya iba a ser hora de venderlos. Tuve mi auto con un montón de millas. Estaba listo para salir de él en cuestión de meses. Comenzó a averiarse con mucha frecuencia, casi como si supiera que lo iba a vender. No quería arreglarlo y estuve pensando en venderlo más barato de lo planeado. Pero un día escuché una vocecita que me decía que yo necesitaba arreglarlo antes de venderlo, en vez de dejarle los problemas y los daños
¿Invertiría en cambiar el flujo energético del universo? ¿Cuánto valdría?
Sabía que perdería dinero en ese negocio, una perdida financiera para mí, pero de otra parte, una inversión en los otros seres humanos.
Pensé en el Universo, acepté su propuesta… E invertí.
Terminé gastando casi mil dólares en la reparación y en las llantas nuevas de un auto que iba a vender por casi los mismos mil dólares. El tanque de la gasolina tenía una filtración, por lo que buena parte se había derramado. Arreglé la gotera y le expliqué al comprador lo que había hecho. Él quería el auto de inmediato, así que baje el precio a 750 dólares. Se puso feliz con el negocio, sobre todo después de ver los recibos de los arreglos que yo había hecho.
Acuérdate de esta historia mientras te cuento otra. Escuchar esa vocecita dentro de mí, como cuando vendí el auto, me despejó el camino para obtener claridad.
Durante casi catorce años, yo había vivido en una casa que había sido de mi familia por más de cien años.
Quería deshacerme de ella.
Adoraba la casa por los maravillosos recuerdos de mi abuela, cuando ella vivía allí, pero tenía fallas estructurales y muchas otras cosas que necesitaban arreglo, asuntos con los que no quería lidiar.
Empecé a pensar en trasladarme a California. Quería alejarme de los largos inviernos del norte de Nueva York y de los inconvenientes de la casa. Había estado varías veces a California en plan de trabajo y en vacaciones, pero nunca había pensado en irme a vivir allá.
Un día, estaba descansando en mi cama, agobiado por el peso de estas dificultades, cuando la vocecita me preguntó qué le haría a la casa si me decidía a quedarme en California por un largo tiempo, no reparándola para la persona que fuera a vivir en ella, sino mejorando el ambiente para la persona que actualmente vivía allí, o sea, ¡yo!
Me entretuve con ese pensamiento por un rato. No quería pensar en eso por miedo a entusiasmarme con unas mejoras que podrían significar el quedarme a vivir en un lugar donde no quería estar por más tiempo.
Parecía una paradoja. Sabía que para poder tener mi hogar soñado en California, necesitaba saber qué tan a gusto me sentía con mi presente y qué tanto me gustaba lo que tenía antes de saber lo que tendría que hacer para ser feliz allá. Necesitaba ser feliz aquí y ahora, en mis circunstancias actuales, en mi casa actual.
Muchos de nosotros nos expresamos acerca de un lugar pensando en lo que no necesitamos. Buscamos algo para remover, buscamos algo que nos saque de nuestros problemas actuales, porque queremos escapar.
Por supuesto, el universo sabe que esto no es lo que queremos de verdad. Sabe que estamos manifestando nuestro deseo de escapar de algo, no de crear algo nuevo. No nos expresamos con total claridad.
La idea de escapar da origen a una nueva situación de la que también queremos escapar.
El pensamiento de permanecer en un lugar que amamos, en un lugar con el que estamos plenamente satisfechos en el presente, nos despeja el camino para amar el presente. Y nos lleva a crear una realidad nueva con más características que ahora disfrutamos.
Entonces, en una hoja de papel rayado, amarilla y larga, escribí una lista de siete cosas que me pondrían en paz con la casa y que, además, le gustarían a ella.
(Quién sabe, a lo mejor la casa estuvo influenciándome para conseguir las cosas que quería antes de que yo me fuera del todo)
Sentí que algo se abría dentro de mí en cuanto empecé a escribir esa lista, algo muy luminoso y brillante. Sentí, en realidad la emoción de gozar la casa en la que vivía. Lo que estaba a cerrado y duro y me hacía querer escapar, estaba ahora despejado. Mi pecho se abrió a un nuevo sentimiento de amor por la casa.
Mientras más me concentraba en ese sentimiento más me abría. Supe cómo arreglar cosas que antes no me imaginaba que se pudieran reparar, como el techo de atrás.
Esas pequeñas ideas para solucionar los problemas de la casa en que vivía, no el gran ideal de mi casa soñada en California, me llevaron a objetivos más grandes.
Un año después, me encontré esa hoja de papel. Me maraville con lo que había escrito. Advertí que, por primera vez desde que tenía la costumbre de escribir mis objetivos e intenciones, había logrado cada una de las siete cosas. Lo más asombroso era que parecía que las cosas se habían completado sin esfuerzo. Siempre que requería acabar un proyecto, aparecía la persona precisa para ayudarme a hacer el trabajo.
Por ejemplo, el porche necesitaba pintura nueva. Un día, un mensajero me dijo: “Ryan, ¿cuándo va a pintar su porche?”. Le contesté: “Cuando encuentre a alguien que lo haga”. Se ofreció a hacerlo por cincuenta dólares, siempre y cuando yo comprara la pintura. ¡Trato hecho! Y mientras estuvo en la casa, también pinto el garaje y el granero por otros 250 dólares. ¡Tremenda ganga!
Otro día, un amigo vino y me hizo ver que había que volver a entejar el techo, otro punto en mi lista. Me hizo una propuesta, más de lo que yo podía pagar, pero un pariente me dio un préstamo y así pude empezar el proyecto.
Al quitar las tejas, descubrimos un daño peor: las termitas habían carcomido las vigas y el agua se colaba dentro de ellas, enmoheciéndolas. Había que actuar rápido, tumbar la parte de atrás y reconstruirla.
Costaba más dinero del que se tenía, pero por la tarifa que me propuso, la mitad de lo que cualquier otro me habría propuesto, supe que lo íbamos a arreglar.
Mientras describía, casi palabra por palabra, la misma idea que yo había tenido un año antes. Comprendí por qué él estaba conmigo.
Me dijo que sentía como si lo hubieran enviado a que ayudara. Al hacerlo, sintió que le ponía punto final a su propio pasado y al mismo tiempo, limpiaba su futuro. Sabía que ayudándome también se beneficiaría él.
Quitar el moho de la parte de atrás de la casa trajo beneficios adicionales. Después de casi dos años de persistentes dolencias, empecé a sentirme mejor. El universo lo supo y me alivió apenas comencé a actuar.
Cuando releí el papel amarillo con la lista que había hecho, entendí el secreto. Había hecho las cosas distinto a como las hacía antes.
La casa parecía y se sentía diferente. Los vecinos me felicitaron por las mejoras.
Un buen amigo me anunció que tenía la posibilidad de mudarse a Hollywood para trabajar en su propio programa de televisión y me preguntó si estaría interesado en trasladarme con él a Los Ángeles. Imagínate lo que dije.
Mi novia quiere cambiarse a un sitio más calido. Había pactado con el papá de su hijo que entre ambos decidirían el lugar de residencia del niño así como su educación. Durante muchos meses, no pudieron llegar a un acuerdo. Cada sitio que le gustaba a ella, era rechazado por él. Justamente ayer, él le dijo que estaba pensando en irse a California. Cuando ella le preguntó que a dónde, él le dijo que había tenido el extraño impulso de mudarse al sur de San Francisco, precisamente a la zona a la que yo había querido irme a vivir. Nunca
¡California nos llama!
Este es el secreto ¡Todo lo que necesitas aclarar está dentro de ti!
¿Qué te haría sentir feliz aquí y ahora, en el sitio donde estás sentado? Deja que tu imaginación vuele sin límites.
Ahí está la gran diferencia. Apégate a lo que realmente existe en tu realidad. ¿Qué puedes hacer para que tu realidad sea tan buena como puede ser aquí y ahora? ¿Cómo mejorar tu realidad para la próxima persona que entre en tu ambiente, sea con tu auto, tu casa, tu trabajo diario y tu puesto en la fila de un banco? Y los más importante, ¿qué puedes hacer para ti mismo
Un último pensamiento cuando te apartes de tu sueño californiano para poder limpiar tu realidad del aquí y el ahora,
En vez de desarrollar mi sueño californiano como un escape, le infundí amor a mi realidad actual. Gracias a ese amor, ahora estoy creando una realidad que provocará aún más amor. Ningún sueño verdadero puede existir sin el motor del amor.
En vez de deshacerme de un auto problemático, vendiéndoselo a un comprador desprevenido, lo arreglé y lo organicé como un auto al que le gustaría sentirse bien de ser vendido. Gracias al amor que le puse, atraje un auto nuevo.
Idéate un amor para tu realidad actual. Fíjate muy bien cómo expresarlo de manera correcta. Después, con seguridad tus más grandes deseos se encargaran de darte el papel protagónico en ese sueño que se vuelve realidad.
Tomado del libro “The Key” de Joe Vitale
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